REFLEXIÓN SOBRE EL CUENTO DEL ÁRBOL

 

El cuento del árbol plasma de una forma simbólica y clara las consecuencias de no poner límites al amor. Si hablamos de las novelas románticas o las tragedias griegas no caben los límites pero si son necesarios para el amor de nuestros tiempos.

Hay personas que se implican en las relaciones dándolo absolutamente todo hasta el punto de quedarse sin nada, hasta el punto de no saber ya ni quién son. Como el árbol que se quedó sin frutos, sin ramas y hasta sin troco, se quedó sin su ser. Las personas dependientes emocionales son capaces de entregarlo todo y renunciar a todo por estar con la persona que aman. A pesar de que esa persona no les aporte lo que ellos desearían, el temor a sentirse solos y vacios es tan grande que hace que continúen con la relación.  

En el caso extremo que es el que ejemplifica el cuento, las personas pueden ir perdiendo todo aquello que daba forma a sus vidas, sus amistades, sus hobbies, su autoestima … todo por seguir teniendo a aquella persona a su lado. En todo este proceso se van autoengañando y no son conscientes de todo lo que dejan en el camino, además de no sentirse recompensados por la otra persona que como el niño del cuento puede tratarles despóticamente aniquilando su seguridad y su autoestima. Si no se han  sabido poner los límites saludables para una relación se corre el riesgo de que se acabe con la dignidad como le pasó al árbol.

Todo esto hace mella en la autoestima de la persona, en su seguridad, en su identidad… dejando una herida que necesita su tiempo para cicatrizar y para poder ver con claridad todo lo que le ha afectado esta relación. Este cuento evidencia la importancia de poner los límites para poder tener relaciones saludables. La vida dará más oportunidad para aprender, disfrutar ,crecer y evolucionar con las relaciones.

Para acabar, os dejo una reflexión de Goethe:

Nadie me dará el amor, la alegría y el goce de las felicidades que yo no siento dentro de mí. Y aunque yo tuviera el alma llena de las más dulces sensaciones, no sabría hacer dichoso a quien en la suya careciese de todo.

 

 

6 MESES DE BLOG del 27 noviembre al 27 mayo

A finales de Noviembre del 2008, iniciamos el Blog con la ilusión y las ganas de hacer un espacio más personal y más ameno dentro de nuestra web. Sin apenas darnos cuenta ya han pasado casi 6 meses, a veces el tiempo va deprisa y da la sensación de que no ha pasado nada. Por eso me parece bueno echar la vista atrás para poder ver el recorrido, y entonces darnos cuenta de lo que hemos hecho hasta ahora. Desde que Sergio inició el Blog con la 1ª entrada Bienvenidos ( 27 de Noviembre 2008) le hemos estado dando forma, añadiendo más apartados, nos hemos abierto más a vosotros sacando nuestro lado interior, le hemos dado un toque de humor, hemos puesto fotos, música, videos… A veces nos puede resultar más difícil encontrar la inspiración para un nuevo escrito porque lo que queremos es que os llegue algo, escribir por escribir no tendría sentido aquí, pero aún así hemos intentado mantener la entrada semanal para que tus “clics” te descubran algo nuevo.

 

Hemos recibido 2.537 entradas en nuestra web con un promedio de 4.36” de estancia en ella, y con un total de 21.766 páginas vistas. Cada día entran personas nuevas que desconocían de nosotros y por supuesto los fieles. Nos leen desde 29 países diferentes.  El blog es la sección más visitada con un 13.90% de cuota.

 

Todos los que escribimos en el blog lo vivimos con mucha ilusión y es algo que nos mueve, que nos hace sentir muchas cosas. Mantenemos estas ganas porque disfrutamos de un lugar para expresarnos y porque creemos que os puede y nos puede servir para reflexionar, para sentir, para vuestro/ nuestro crecimiento. Queremos agradeceros la confianza a los que habéis comentado en el blog haciéndonos partícipes de vuestras impresiones que nos enriquecen y mantienen la ilusión de este proyecto. Nos dais ese feedback positivo que es tan  beneficioso y tan necesario.  Os animamos a los que aún no os habéis atrevido a hacerlo para que juntos podamos mejorarlo y con vuestras aportaciones hagamos este espacio a gusto de todos. También acogemos a los críticos, a los que  opinan en sentido contrario y para los que este espacio carece de interés o sólo es motivo de autosatisfacción. A ellos agradecerles también un plus de motivación.

 

Si es la primera vez que pasas por aquí o si ya eres de los que nos seguís, no dudes en visitarnos cuando quieras. Tienes la puerta abierta para lo que nos quieras expresar y nosotros te escucharemos gratamente.

Mi historia se puede parecer a la de cualquier madre

Incluyo en nuestra sección “Para pensar” un escrito al que no puedo ponerle palabras, si lo definiera creo que no acertaría a colocarlo en su justo lugar. Merece ser leído. Pertenece a una madre y a un padre que hablan de su hijo. Esta escrito con el alma, con la emoción y carece de amargura, pena o conformismo. Toda una lección de amor que Maite nos ofrece. Leedlo.

 

Mi historia se puede parecer a la de cualquier madre, dulce espera,  a medida que crece tu vientre y ves que se acerca el día, en tu interior vas haciendo planes, imaginas su cara, piensas en su nombre, arreglas su habitación.

Cuando nace un hijo/a con problemas, la primera sensación es la de que tu mundo se derrumba, pensamos en el sufrimiento que va a tener nuestro hijo/a. Con el tiempo he aprendido que sufrimos porque nuestro patrón de hijo/a, no va ha ser el que esperamos, que caminará pronto, irá al colegio, estudiará se hará mayor…todo lo que debe ser normal.

No se puede estar preparado para un hijo/a con dificultades, pero si conociéramos la personita que nos va ha venir, no sentiríamos tanto miedo a lo desconocido, si desde que llegan a nuestra vida les viéramos simplemente como hijos/as que van ha necesitarnos un poco más, estoy segura que se disiparían dudas y temores. Actuaríamos en consecuencia.

Todos tenemos en mayor y menor medida alguna disminución, alguna carencia, necesitamos de otros para complementarnos. Somos individuales  y únicos, no podemos mirar al diferente como si solo él necesitara de atención.

 

             Mi hijo nació de ocho meses de embarazo, con una lista interminable de anomalías, y según los médicos con pocos días de vida.

Creo que todas las personas  vienen a este mundo con un firme propósito, el de mi hijo es el de hacernos felices. A pesar de su débil salud, sus muchas intervenciones, días de hospital, él, mi gran motivo de vida, decidió no dar la razón a los médicos cuando le dieron tan poco tiempo, él tenía mucho que ofrecernos, muchos planes por cumplir.

Mi hijo es un muchachote de 24 años, siempre está alegre, él decidió estar con nosotros, y nos ha dado más de lo que nosotros quisimos darle.

 

Cuando te dicen que tu hijo que acaba de nacer tiene problemas, en el interior de tu alma, se pone en marcha un mecanismo que no conocías de protección hacia ese ser indefenso,.

 

Es muy importante sentirse fuerte para poder afrontar la dificultades que nos esperan.

Es esa fuerza la que transmitimos a nuestros hijos, esa seguridad la necesitan ellos, deben sentirse muy queridos, nosotros decimos que nuestro hijo vive de los besos,  lo llamamos “beso con patas” por todos los besos que da y pide al día.

 

Hemos educado a nuestro hijo con disciplina, enseñándole a distinguir el bien del mal,  pero lo hemos mimado mucho, aunque no consentido.

Ahora tenemos un muchachote alto, que no entiende la vida sin sus besos, desde el Centro le dicen que no se dan tantos , que es mayor, y él allí se comporta, pero, en la intimidad se nos cuelga para darnos apretones (que ya son fuertes) y decirnos cuanto nos quiere, a nosotros se nos hace muy cuesta arriba dosificar las muestras de cariño.

 

Al saber que Agus no tendría futuro, no le preparamos para la vida adulta, intentamos que fuera todo lo más fácil posible, que tuviera una vida cómoda, llena de besos y caricias.

 

A nuestros ojos aún lo vemos pequeño, (mide 176 cm) ya hace tiempo que miro hacia arriba para ver su cara.

A nosotros el llevarlo cogido, es una forma de controlar los peligros y él se siente más seguro.

Sabemos que no le hacemos ningún bien, muy al contrario, está tan acostumbrado a ir de la mano que no sabe mantener una marcha normal al caminar, no sabe qué hacer con las manos cuando se siente suelto, camina todo en un bloque.

 

Los padres tenemos tendencia a proteger a los hijos más débiles, nosotros solo lo tenemos a él, lo hemos protegido en exceso, le hemos facilitado la vida, esto es un error.

En casa intento no ayudarle cuando me llama reclamando mi atención, miro disimulada para ver si puede ponerse esos calcetines que no suben, intentando abrocharse los botones, esa espalda que acaba de secarse…..me controlo las ganas de acudir, sufro al ver cuanto trabajo le cuesta lo que para nosotros es tan fácil.

A veces no puedo reprimir un sentimiento de culpa, y otras me da una ternura intensa, y doy gracias al ver que consigue hacer aquello que lleva tanto tiempo intentando.

 

Para los padres que ven crecer a sus hijos con normalidad, todo va muy deprisa, para nosotros cada logro es una alegría y una celebración.

Sus primeras palabras, tardías y apenas ininteligibles, sus pasitos que tanto tardaron, cuando cogio el cubierto solo, cuando te mira y ves que te ha entendido, el primer dibujo, todo lo que hace por primera vez, ya que todo es un regalo.

Agradezco que se tome sus medicinas sin ponerme mala cara, me hace la vida  más fácil, debe ser muy fastidioso que te estén molestando con jarabes, inhaladores, pastillas, gotas…… él no se queja, al contrario, me recuerda que le tengo que dar su medicina. Él sabe que es para ayudarle a mejorar.

Nuestros hijos se merecen todos los besos del mundo!!

 

También agradezco su paciencia con nosotros, sus padres, jugamos y le gastamos bromas, que él encaja y comparte, por la noches al acostarse, primero voy yo para arroparlo bien, le doy besos un achuchón, y buenas noches. Pero…lo mejor viene con su padre, es toda una ceremonia que se repite pero que los dos esperan cada noche.

En la cabecera de su cama tiene una trompeta que usa para llamar a su padre, cuando la oye, entra en su habitación para darle el beso y Agus se tapa la cabeza diciendo “no hay nadie” los dos juegan y ríen, por más tiempo que pase ellos siempre esperan ese momento para dormir.

Nosotros estamos contentos de su inquietud, está descubriendo cosas, le dan responsabilidad y eso le hace sentirse mayor.

Hay una parte de ellos que evoluciona como cualquier persona, su cuerpo, sus sentimientos, emociones, ……..

Otra parte  se quedó en la niñez. Tienen esa  mezcla  que los hace tan cercanos, cuerpos de adultos con mirada de niños. Su ingenuidad los hace dulces, siempre dispuestos a regalarte una sonrisa. Nada egoístas, muy bondadosos.

Es esa ingenuidad la que los hace tan vulnerables y tan frágiles ante el mundo.

Resulta difícil ponerse en el lugar de otras personas, ponernos en su piel, -es un ejercicio que deberíamos practicar-

Muchas veces he querido saber qué pensaban los que me miraban con cara de  circunstancias, mi familia, mis amigos, vecinos, conocidos…

Cuando me cruzo con padres de hijos “especiales” pequeños, pienso en la angustia que deben estar pasando, y me gustaría decirles que disfruten de sus hijos sin diferencias, que les darán muchas más alegrías de las que esperan, que son trocitos de dulce que nos hacen ver la vida mucho más sencilla.

Nosotros nos hemos unido en torno a Agus, intentamos tener una vida lo más normal posible, no hemos hecho de nuestra vida un drama,

al contrario, somos optimistas y si nuestro hijo está bien, hay alegría, risas, mi marido  dice que seremos siempre jóvenes, porque Agus siempre será un niño.

Esta alegría nuestra a veces no es entendida desde fuera, no entienden que una familia tan “especial” parezca tan contenta.

Para nosotros las preocupaciones pequeñas no cuentan, hemos aprendido a ver lo bueno de la vida, apreciar los momentos en los que estamos bien y no perder el tiempo en cosas banales, reír y disfrutar, olvidarse de todo lo que nos pone tristes y regalar una sonrisa a quien te mira, además es gratis.

Seguiría hablando y llenando páginas con anécdotas y comentarios sobre mi hijo, pero creo que ya me he excedido mucho por hoy.

 

31- marzo 09

EL CUENTO DEL ARBOL

Había una vez, en las afueras de un pueblo, un árbol enorme y hermoso que vivía regalando a todos los que se acercaban el frescor de su sombra, el aroma de sus flores y el increíble canto de los pájaros que anidaban en sus ramas. El árbol era querido por todos, pero especialmente por los niños, que trepaban por el tronco y se balanceaban entre las ramas con su complicidad complaciente. Si bien el árbol amaba a la gente, había un niño que era su preferido. Aparecía siempre al atardecer, cuando los otros se iban.

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Hola, amiguito – decía el árbol, y con gran esfuerzo bajaba sus ramas al suelo para ayudar al niño a trepar, permitiéndole además cortar algunos de sus brotes verdes para hacerse una corona de hojas aunque el desgarro le doliera un poco. El chico se balanceaba con ganas y le contaba al árbol las cosas que le pasaban en casa. Casi de un día para otro, el niño se volvió adolescente y dejó de visitar al árbol. Pasó el tiempo y de repente, una tarde, el árbol lo vio caminando a lo lejos y lo llamó con entusiasmo:

Amigo…amigo… Ven, acércate. Cuánto hace que no vienes… Trepa y charlemos.

No tengo tiempo para estupideces- dijo el muchacho.

– Pero disfrutábamos tanto juntos cuando eras pequeño…

– Antes no sabía que se necesitaba dinero para vivir, ahora busco dinero ¿tienes dinero para darme?

El árbol se entristeció un poco, pero se repuso enseguida.

– No tengo dinero, pero tengo mis ramas llenas de frutos. Podrías subir y llevarte algunos, venderlos y obtener el dinero que necesitas…

– Buena idea-  dijo el muchacho, y subió por la rama que el árbol le tendió para que trepara como cuando era chico. Y arrancó todos los frutos del árbol. El árbol se sorprendió de que ni siquiera le diera las gracias.

Pasaron diez años hasta que el árbol vio pasar otra vez a su amigo. Era ya un adulto.

– Qué grande estás- le dijo emocionado-; ven, sube como cuando eras niño, cuéntame de ti.

– No entiendes nada, como para trepar estoy yo… Lo que necesito es una casa. ¿ Podrías acaso darme una?

El árbol pensó unos minutos. – No, pero mis ramas son fuertes y elásticas. Podrías hacer una casa muy resistente con ellas.

El joven salió corriendo con la cara iluminada. Una hora más tarde, con una sierra cortó cada una de sus ramas, tanto las secas como las verdes. El árbol sintió el dolor, pero no se quejó. No quería que su amigo se sintiera culpable. El árbol guardó silencio hasta que terminó la poda y después vio al joven alejarse esperando inútilmente una mirada o gesto que nunca sucedió. Con el tronco desnudo, el árbol se fue secando. Era demasiado viejo para hacer crecer nuevamente ramas y hojas. Quizás por eso, porque ya estaba viejo cuando lo vio venir, años después, solamente dijo:

– Hola ¿qué necesitas esta vez?

– Quiero viajar. Pero ¿ qué puedes hacer tú? Ya no tienes ramas ni frutos que sirvan para vender.

– Que importa, puedes cortar mi tronco… con él quizás consigas construir una canoa para recorrer el mundo a tus anchas.

– Buena idea- dijo el hombre.

Horas después volvió con un hacha y taló el árbol. Hizo su canoa y se fue. Del viejo árbol quedó tan sólo el pequeño tocón a ras del suelo. Dicen que el árbol aún espera el regreso de su amigo para que le cuente de su viaje. El niño ha crecido, pero tristemente se ha vuelto un hombre de esos que nunca vuelven a donde no hay nada más para tomar. El árbol espera, vacío, aunque sabe que no tiene nada más para dar.

 

 

LOS PSICOTÓPICOS

Que profesión la nuestra, tan incomprendida como necesaria, tan extraña como atrayente. Oímos muchas veces el comentario de “he hecho de psicóloga/o de mi amigo”. Parece que todo el mundo ha hecho de “psicólogo” alguna vez, o por lo menos eso se dice. Pero la verdad es que ser psicólogo, terapeuta, psiquiatra o cualquier profesión dedicada a la atención de las personas que sufren requiere de algo más o por lo menos de algo menos de frivolidad. No solo el sentido común funciona, no basta con la buena intención del que escucha y opina acerca del problema del otro.

 

Nosotros nos hemos encontrado en muchas ocasiones que al conocer a alguien y éste se entera a lo que te dedicas es inevitable que salgan de su boca frases tan brillantes y a la vez desconocedoras de lo que hacemos. ¿Miedo?, ¿curiosidad?, ¿vosotros que nos leéis que opináis?

Hemos querido escribir las que hemos oído. Quizás haya más, quizás algún día las oigamos. Ahí van:

 

¿No me irás a psicoanalizar? ¡Dios! Me ha reconocido, se ha dado cuenta que soy la reencarnación de SF (Sigmund Freud), pero no, son otras las iniciales. Nos ven como ojos escrutadores de problemas psicopatológicos, nuestra vida tiene un karma –descubrir que le pasa al que tenemos delante para ayudarle- como si con sólo mirarles pudiéramos ver todos sus problemas y sepamos exactamente cómo van a reaccionar. Para vuestra tranquilidad y os podemos asegurar que para la nuestra también y de aquellos colegas de profesión, la mayoría de nosotros no vamos psicoanalizando a la gente en nuestros ratos de ocio. Quizás os diríamos que precisamente aquel que se toma en serio su profesión, a la que hemos dedicado buena parte de nuestra vida, difícilmente hará juicios de valor, no se tomará en broma o de manera superflua lo que os pueda ocurrir y en buena lógica no intentará solventaros el problema a la hora del café.

 

A los psicólogos es donde van los “locos”. Aunque afortunadamente ha cambiado mucho la idea que tiene la gente de los psicólogos, todavía quedan personas que piensan esto. Nos genera rabia e indignación  por el poco respeto a los pacientes que posiblemente estén más sanos que el que realiza la afirmación, seguramente lo están porque precisamente se preocupan más por su salud mental y no temen resolver sus problemas. Es una paradoja que alguien que critique el hecho de ir a un terapeuta no sepa muy bien que es eso, y por supuesto antes se dejaría arrancar los dientes por un titulado en odontología-astral por la universidad de Pantomima que ir a alguien que “encima te va a decir lo que tienes que hacer”, “venga hombre que yo no estoy loco”, y digo yo, pues eso, como que no lo estás no dejarás que otro maneje tu vida ¿no os parece?.

El enfermo mental grave no escucha, no atiende a posibles soluciones a sus problemas –ya que no tiene problemas-, sólo los relativamente cuerdos acudimos a consulta psicológica, sólo los que nos sentimos que a veces no podemos con nuestras cargas nos dejamos ayudar. La ayuda no suplanta nuestra identidad, no quedamos abducidos, sólo nos entregamos al sano ejercicio de reflexionar sobre nuestras vidas. Algo que el “loco” para su desgracia no es capaz de hacer.

 

Yo no creo en los psicólogos. Esta es de las mejores. Ciertamente quedamos colocados en una especie de estado superior. Quien ha oído la frase yo no creo en los mecánicos, en los profesores o incluso en el camarero del restaurante de la esquina, al contrario a este último se le suele tener una fe ciega y más en días de partido de futbol. Como si esto de la psicología fuera algún tipo de religión y se tratara de un acto de fe. Para nosotros no es cuestión de creer o no creer, sino de QUERER o NECESITAR cambiar aquello que nos produce malestar.

 

Los psicólogos sois como los curas. Y dale. Que no. Ésta frase y la anterior suelen ir de la mano. Pero claramente la desmentimos, nosotros tenemos despachos algo más amplios que los suyos –el confesionario creo que podría llegar a generar agorafobia-, no pedimos que la gente se ponga de rodillas, no tenemos casilla en la declaración de hacienda…Cada uno tiene su lugar. El de la religión es importante, la fe es necesaria para muchas personas, hay estudios que demuestran que las personas con fe son capaces de superar los duelos de manera más eficiente que los no creyentes, somos compatibles, nos ocupamos del alma pero desde concepciones muy diferentes.

 

Parece mentira que seas psicóloga… ¡Cómo si ser psicólogo nos capacitara para solucionar todos los problemas y hubiéramos llegado a una especie de felicidad ZEN permanente! Estudiamos la carrera y tenemos una serie de técnicas para utilizar pero somos humanos y como todos también nos deprimimos, nos angustiamos, nos estresamos y nos sentimos perdidos… Si es cierto que deberíamos ser capaces de avanzar en  poder resolver nuestros propios problemas, pero ello no es inherente al hecho de ser psicólogos.

 

Yo no explicaría mis cosas a un desconocido para eso tengo a mis amigos. No todo el mundo necesita ni quiere visitarse con un psicólogo, los que si lo hacen es porque en un momento de su vida sienten esa necesidad del asesoramiento psicológico y una de las cosas más importantes es conseguir un buen clima y empatía con el terapeuta. Los pacientes pueden explicar cosas que no saben los amigos ni las parejas porque podrían sentirse juzgados. El amigo es necesario, nos compadece, sufre con nosotros, quiere implicarse, quiere hacer lo que sea…pero todo ello no es terapéutico es fílico –es amistad-. El terapeuta no va a ser nuestro amigo, no irá a tomar copas con nosotros, se implicará pero dejará que sea el paciente el que decida y tome las riendas.

 

Los psicólogos cobráis sólo por escuchar. Vaya tantos años de carrera y cursos y libros y sólo nos dedicamos a escuchar… Escuchar seguro que escuchamos y a veces cosas que forman parte de la dureza del vida, del sufrimiento en estado puro, cosas que os podemos asegurar que no son fáciles de escuchar y menos fáciles de expresar por parte del paciente. Es verdad hay una parte de lo que cobramos que es por escuchar, esta escucha es una escucha empática, reflexiva, en definitiva útil. El paciente no sólo quiere desahogarse al explicarlo, nos pide que le ayudemos que le escuchemos para hacerle reflexionar, repensar, buscar alternativas y en algunos casos a desistir.  Sin escuchar no podríamos hacer nada, pero también hablamos pensadamente, aplicamos pruebas, realizamos diagnósticos…en definitiva intentamos ser una herramienta útil para la eutimia emocional del paciente

 

Además de estas frases hay muchas más, como en muchas profesiones se nos asocian tópicos –algunos de los cuales nos hacen reir por su aproximación a la veracidad-.

 

Resumiendo, la psicología  a todos nos produce curiosidad porque son las emociones, los pensamientos, la personalidad, el estado de ánimo… En definitiva, el  ALMA que es el origen etimológico de la palabra psicología.

 

Desmitifiquemos, atrevámonos, conozcamos, no temamos…y por supuesto riámonos. –os dejamos una prueba de ello por si os apetece- Pertenece al programa Vaya semanita de etb

Video divertido