DUELO

Su recuerdo invadía su pensamiento sin avisar, a traición, mientras lavaba los platos, mientras ponía la mesa, mientras estaba sentada en el sofá después de cenar, mientras paseaba por el paseo marítimo, mientras miraba el mar a través de la ventana de su dormitorio, mientras existía…

Recordaba en especial un momento concreto de sus 20 años de convivencia, por supuesto habían compartido muchos, muchísimos otros momentos, sin embargo, ese quedó grabado, indeleble, en su memoria. Era una mañana soleada de otoño y se encontraban abrazados en el espigón, rodeados por ese inmenso mar que veía cada día desde su ventana. Fue un abrazo intenso, profundo, sentido desde el alma, que los fundió durante unos minutos que parecieron la eternidad. Era capaz de rememorar su olor, su calor y su profunda mirada y, sobre todo esa frase susurrada al oído: “estamos en medio del mar, ¿te das cuenta?, pero abrazados estamos a flote”. Sí, era esa clase de abrazos que te ayudan a mantenerte a flote en la peor de las situaciones. Ese abrazo que sólo pueden dar aquéllos que sienten la vida de los otros, las emociones de los otros… Tan sólo bastaba un breve abrazo suyo para sentirse segura, imbatible, recogida y protegida…Cuando lo explicaba a sus amigas decían que exageraba, que estaba enamorada y, por tanto, obnubilada, no la entendían porque ninguna de ellas era abrazada de esa forma o no eran capaces de llegar a sentirlo. Una de sus amigas, diferente al resto, le hablaba de la conexión, de la sincronía… ella sí lo entendía, pues ellas dos compartían también estas sensaciones. Ahora sólo le queda su abrazo.

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Imágenes obtenidas de http://elblogderenee.blogspot.com/

Se siente cansada, y no es una mujer mayor, sin embargo, el peso de la vida se ha derramado sobre su espalda. Camina despacio, con la cabeza gacha, el pecho hundido y la mirada perdida, no hay nada importante que ver…le dicen que se anime, que ya va siendo hora de que lo supere. Su psiquiatra le ha recetado unas pastillas que le impiden llorar, está acorchada, le ha recomendado que se las tome como mínimo durante un año. Su amiga le ha recomendado que pida ayuda a una psicóloga amiga suya que la ayude a pasar el duelo, que la ayude a aceptar lo inaceptable para ella en estos momentos.

No ríe, sólo sonríe por compromiso y esta sonrisa forzada rompe sus bonitos rasgos. Le dicen que salga, que se distraiga, que todo pasará. Sí, todo pasa, lo sabe. En su no muy larga vida ha tenido que afrontar numerosas pérdidas y ahora todas ellas tienen su lugar especial en la memoria y en su corazón. Los recuerda sin aflicción, con cariño, con la distancia natural que te regala el tiempo. Le han recomendado que coja la baja, ella se niega, no podría quedarse en casa cada día con los recuerdos invadiendo sin pudor su cerebro que le provocan un llanto inacabable, ya no toma las pastillas, pero la tristeza no se licua, permanece en nuestra alma agarrándose fuerte. La pena le oprime el pecho, le encoge el corazón y le anuda la garganta, no se siente capaz de poder desprenderse de ella, quizás en el fondo no lo desea. ¿Qué pasaría si dejase de sentir el dolor de la pena?, lo olvidaría. Sí, eso creía, si ya no sientes dolor por el que amas cuando éste desaparece de nuestro lado es que ya lo has olvidado, lo has perdido definitivamente. La pena, entonces, se agarraba a sus entrañas y ella se aferraba a ella para no olvidar.

Ha empezado a hablar con su psicóloga de su dolor, ya puede verbalizarlo además de sentirlo. Es ahora un dolor escuchado, compartido, reflexionado. Ya no es solitario. Le dice que se dé tiempo, que viva ese dolor como algo natural. Cuando amas a una persona el dolor va de la mano siempre. “No podemos escapar a él, acompaña nuestra vida, es natural”, aunque en nuestra sociedad huimos del dolor, de la vejez, de la enfermedad como si fueran extraños a nuestra existencia, como si pudiéramos evitarlos y entonces tomamos medicación por casi cualquier razón (pastillas para alegrarnos, para no alegrarnos demasiado, para adelgazar, para engordar, para dormir, para despertarnos, para embarazarnos, para no embarazarnos, para no envejecer, para …). Pensamos en soluciones rápidas a nuestros problemas, en una vida acelerada, inmediata, no nos damos tiempo, no damos tiempo al tiempo. Aceleramos el curso del río y lo desbordamos, nos desmoronamos ante el dolor y nos olvidamos de buscar dentro de nosotros los recursos que poseemos todos para poder afrontar aquello que se nos presenta. O que nos ayuden a encontrarlos o a aprenderlos.

Los días siguen deslizándose lentamente y el vacío que la invade no se reduce, piensa que nunca lo hará. ¿Cómo llenarlo?, ¿con qué?. Y le preguntan: ¿Has de llenarlo?, o ¿aceptarlo y dejar que poco a poco cicatrice sin el olvido, sino con el recuerdo?.

Lo compartían todo, aunque cada uno tenía su espacio y disponían de él con libertad y respeto. Se amaban porque se cuidaban y se respetaban profundamente, muchas veces bromeaban con su primer encuentro, producto de una serie de coincidencias curiosas que los llevaría a encontrarse y, desde ese momento no se volverían a separar. Se tropezaron y ella fue a parar al suelo, él rápidamente la cogió y la abrazó pidiéndole disculpas… ese abrazo traicionero, reían. Fueron creciendo con el paso de los años y con la complicidad del otro. Él era un eterno estudiante, tenía una sed insaciable de conocimiento y ella, sin tener el mismo interés, crecía en su profesión, con sus nuevos proyectos profesionales que la hacían disfrutar. A él le gustaba verla ilusionada mientras la contemplaba desde la mesa del despacho como, con el ceño fruncido, meditaba sobre alguna nueva idea y llamaba a su amiga con la que compartía su negocio y debatían horas al teléfono las nuevas inspiraciones…  No rivalizaban, eran un equipo. Se alegraban del bienestar y de la felicidad del otro… compartían su afición al cine, al teatro, al deporte (les encantaba recorrer en bicicleta las vías verdes…). Y compartían también momentos de silencio, sin prisas y, momentos de caricias infinitas que erizaban sus pieles.

Esto no lo volverá a encontrar jamás, piensa. Era único y única su mezcla… y entonces la angustia y la rabia invaden su pecho que arde y se anuda aún más, si esto es posible. Su psicóloga le habla de las fases del duelo por las que toda persona que pierde a un ser querido atraviesa con el tiempo. En momentos las identifica claramente: negación (“no es posible que me esté pasando esto”, “volverá, está en uno de sus viajes, y un día oiré la llave en la puerta y escucharé su voz llamándome”); ira (“¿por qué tuviste que irte ahora que éramos tan felices?”, “¿por qué me has abandonado?”, “¿por qué nadie lo evitó?”); culpabilidad (“¿por que él y no yo?”, “¿Por qué no me di cuenta antes?”); depresión (“no podré vivir sin él”, “mi vida carece de sentido si ya no la comparto con él”); aceptación, aun se le resiste esta fase, en ocasiones piensa que “quizás cumplió con la misión que tenía, hacerla feliz y hacer felices a los que le rodeaban”, “debo dejarte ir, no puedo ser egoísta, te he retenido conmigo ya 20 años”. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones se siente deprimida, culpable e irascible. Todo acaba pasando… pero aun se resiste a que pase. Coge su foto entre sus manos y la mira y la besa cada noche antes de dormirse. Ya retiró las demás fotos del comedor y del estudio, pero ésta no puede, sentiría aún más la terrible soledad de su amplia cama. Su mirada acuna sus sueños y la acompaña siempre, como cuando lo recuerda y se queda ensimismada en medio de una conversación. Sigue estando ahí junto a ella, le cuenta cómo le va y se enfada con él por haberle hecho esto. Y luego va a trabajar y durante unas horas su cerebro se automatiza y no piensa en él, pero cuando sale del estudio en el que trabaja, aparecen su sonrisa, sus ojos, sus manos que le siguen erizando la piel y siente su calor. Pero le duele cada vez menos, consigue disfrutarlas y siente como su cuerpo reacciona a su imagen. Somos animales de fácil condicionamiento sonríe. Piensa en una caricia y se le eriza la piel, recuerda el suave roce de sus labios y el corazón se le sobresalta. Disfruta…

Con el tiempo y la ayuda de su gente ha conseguido dejarlo ir, ha permitido que siga su camino y ha comprobado que sigue en ella, que no ha desaparecido. Forma parte de su alma, de su corazón, de sus pensamientos y de sus proyectos. Vuelve a sonreír, vuelve a ilusionarse por seguir aquí y, sobre todo, se siente afortunada por haber compartido una parte de su vida con él y haber podido aprender tanto. Sobre todo ha aprendido a ser mejor, esta es su herencia.

Ya no se resiste. Se ha dado cuenta, por fin, que vive en ella.

Os proponemos empezar el 2010 soñando …

 TALLER DE SUEÑOS 23 y 24 de enero. ULTIMAS PLAZAS

En el que aprenderemos:

  • Métodos para recordar los sueños
  • Simbología onírica para su interpretación
  • Técnicas para provocar sueños que resuelvan un conflicto específico
  • Practicaremos con técnicas que nos ayuden a aprovechar el material curativo de los sueños

¿ A quién va dirigido este taller?

El taller va dirigido a cualquier persona que quiera mejorar su relación con sus sueños, con el propósito de reconocer su poder como herramienta terapéutica, para mejorar su equilibrio psicológico y su calidad de vida.

foto sueños

Impartido:

Jordi Borràs. Psicólogo y especialista en sueños

Metodología

Este programa es necesariamente orientativo: su desarrollo depende de las características del grupo y de sus integrantes.

El Taller de Sueños está concebido para transferir a los participantes los recursos necesarios para alcanzar una relación fructífera con sus sueños. Esto permite que cada persona pueda continuar trabajándolos individualmente una vez acabado el curso.   

Horario : Sabado 23 Enero de 10h a 14h y de 15.30h a 20.30h

                     Domingo 24 Enero de 9 a 14:30h

Lugar : Grup7psicolegs.

Importe : 135 Euros para las inscripciones realizadas antes del 15/12/09 y 150Euros para las reservas efectuadas con posterioridad a esta fecha. La inscripción finalizara el viernes 16/01/09.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES

Telf. 932173239 o info@grup7psicolegs.com

 

PROGRAMA

Qué origina los sueños

. para qué soñamos

. fundamentos científicos en el estudio de los sueños

. fisiología del dormir y del soñar

. los ciclos del sueño

. los sueños según la física cuántica

. cómo enriquecer la vida despierta escuchando los sueños

. requisitos básicos para el trabajo con los sueños

El recuerdo de los sueños

. por qué olvidamos

. estrategias de nemotecnia

. cómo sacar provecho de la libreta de los sueños

. el cuerpo en relación con el recuerdo de los sueños

La interpretación

. qué significa interpretar un sueño y para qué sirve

. actualización de los sueños

. la asociación libre y la perspectiva psicoanalítica

. la amplificación y la psicología analítica

. jung y el inconsciente colectivo

. la silla caliente y la gestalt

. la inmersión en el símbolo

. análisis subjetivo y análisis objetivo

. la estructura narrativa del sueño

. la recreación gráfica de las imágenes oníricas

. los círculos de sueños

. otras perspectivas:   ullman, taylor, moss, delaney, gendlin, hoss, etc.

. el gatillo de los sueños: un mensaje directo

. técnicas: de la consulta a casa

Simbología

. simbología personal, familiar, local, universal

. los elementos, los personajes, el escenario…

. les emociones asociadas

. los arquetipos

. claves para la comprensión de los mensajes oníricos

. el lenguaje onírico: desplazamiento, condensación, transformación

Tipos de sueños y experiencias relacionadas

. los sueños universales

. los sueños compensatorios

. los sueños recurrentes

. los sueños telepáticos

. los sueños transtemporales

. las experiencias fuera del cuerpo

. la parálisis del sueño

Los sueños lúcidos

. el qué y el para qué de la lucidez

. no duermas cuando sueñes

. técnicas para favorecer los sueños lúcidos

. cómo mantener la conciencia dentro del sueño

. el yoga de los sueños

. investigaciones científicas e implicaciones filosóficas

Reconectar con el inconsciente

. la incubación de sueños

. la reescritura

. honrar los sueños, dar vida al símbolos

ALIMENTOS DESESTRESANTES

Cambio de fecha al viernes 16 de octubre a las 19h

Grup7 te invita a su próximo taller gratuito: ALIMENTOS DESESTRESANTES.

El estrés no solamente se origina en nuestra mente, también hay una conexión nutricional con nuestros estados de ánimo. Determinados alimentos pueden ayudarnos a sentirnos más tranquilos.  Te explicaremos cuales son y sus propiedades.

 El taller lo llevará a cabo Marisa Aguirre Marcori, asesora nutricional y colaboradora de grup7 en el Asesoramiento Psicodietético.

En la web podéis ver el resumen del taller de alimentos estresantes realizada anteriormente.

Tendrá lugar en Grup7: C/ Aribau 152,2º2ª, el viernes 16 de Octubre a las 19h. Puedes  confirmar tu asistencia antes del 9 de octubre a través de email: info@grup7psicolegs.com

EL ANILLO DEL REY

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

– Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos, podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total… Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respecto por el anciano de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

– No soy un sabio, ni un erudito, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje- el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas- le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo cuanto todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; al caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya no podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir adelante y no había ningún otro camino…

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: simplemente decía Esto también pasara

Mientras leía Esto también pasara sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

– Este momento también es adecuado : vuelve a mirar el mensaje.

– ¿ Qué quieres decir? – preguntó el rey- Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

 Escucha- dijo el anciano- este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado, también es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje Esto también pasara y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

– Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

                                                                                                                           ( Cuento budista)

VACACIONES

                 

         Nunca pensó que unas vacaciones iban a ser tan reveladoras.

Disponía de tres semanas escasas, arañadas del calendario y haciendo encaje de bolillos con sus compañeros de trabajo. La situación se repetía cada año. “Que si tú tienes más antigüedad, pero yo tengo niños…”. Cuántas veces había pensado en contratar los servicios de niños actores para representar la obra de “familia feliz y completa”. Esta idea no era original, la había tomado de una película, Familia, de Fernando León de Aranoa, en la que el protagonista contrataba a unos actores para que le hiciera de familia, a falta de una. Qué triste pensó en su momento al verla, pero cuando se acercaba el verano le daba vueltas y saboreaba el momento en que diría: “Necesito agosto, porque mis niños…”. ¡Las condiciones de las negociaciones han cambiado!, y poder ver la cara de estupefacción y desconcierto de esos padres modélicos… . Sí, sentía un fastidio profundo cada verano…

         A lo que iba, decidió tomarse unas vacaciones tranquilas este año, dejó de lado sus grandes viajes a tierras cuanto más lejanas y exóticas posibles y pensó en volver a sus orígenes. Una pequeña aldea perdida que aun conservaba un cierto encanto de lo auténtico. Allí residían sus padres, dos ancianos que iban mimetizándose progresivamente con aquel paisaje del que resultaba imposible despegarlos. Formaban un Todo, ellos, la aldea y el resto de los escasos habitantes supervivientes, como si el tiempo se hubiera detenido a jugar a despistar en pleno siglo XXI.

         Llegó un día caluroso y comprobó que ya había pasado mucho desde la última vez, diez años ya. Todo seguía igual y todo había cambiado. La casa familiar seguía en pie, fuerte, resistiendo el paso de los años con arrogancia, sólo algo nuevo, a su padre se le había ocurrido hacer crecer una parra en la fachada y que rodeaba la casa como lo hace una boa cuando se enrosca a su presa… Sus padres eran diez años más viejos aunque no sintiera que esos años también habían pasado para él, acostumbrado a que siempre le dijeran que aparentaba muchos menos años…vanidad masculina… Lo recibieron con gran algarabía, el primogénito volvía a casa. Se sintió querido, cuidado como hacía tiempo. Volvía al regazo materno y a la guía de su padre. Por un momento de confusión se creyó niño y se abandonó a tal sensación, a pesar de que las preguntas y los reproches de siempre flotaban en el aire: No nos vienes a ver nunca; siempre tan ocupado; trabajar tanto no es bueno; ¿cuándo te casarás?; te estás haciendo mayor para tener hijos, y un largo etcétera, que en ese primer día dejaría pasar. Sólo se concentraba en poder captar con sus cinco sentidos adormilados el hogar, el paisaje y ese inmenso cielo azul que le recordaba la mirada de la que está en la distancia…

         Llegó del viaje cansado, no sólo por la cantidad de quilómetros recorridos sino por los acontecimientos sucedidos en su vida en los últimos dos años. Demasiado grandes para un alma tan pequeña. Había vivido a gran velocidad, había devorado los años, había estado corriendo en una carrera a contrarreloj como los ciclistas de competición y había conseguido un éxito profesional más que aceptable, sin embargo los acontecimientos se habían precipitado en cascada sobre él y se sintió ahogado. Sentía una presión continua y sorda en el pecho que le obligaba a suspirar continuamente y por primer vez en su vida notó allí un dolor profundo, pensó “padeceré del corazón”, y se asustó, apreció lo corta que podía ser la vida. Pero no era un dolor que proviniese de su corazón, sino de su interior, de su alma. Por primera vez pensó en el alma. También, por primera vez todo sucedía sin su control. Y se angustió. Él que todo lo tenía controlado y que además siempre le había funcionado esta forma de hacer, ¿qué estaba sucediendo ahora? y, ¿por qué?. ¿De qué le estaba avisando la vida?. Eso había venido a descubrir en estas vacaciones aunque aun no lo supiera.

         Nunca se había planteado, como otras tantísimas cuestiones, que la vida tiene su propia vida y te sacude un buen derechazo cuando menos te lo esperas o te premia con la mejor de las sorpresas. De esto último sabe algo y, recuerda cuando la conoció. De nuevo en época de vacaciones debía decidir entre hacer una ruta en coche por la Camargue, en el sur de Francia o hacer un viaje fantástico a Vietnam. Todos sus amigos le recomendaban la segunda opción, pero en el último momento decidió viajar solo por la Camargue. ¿Solo?, le preguntaron, ¿estás loco?, ¡qué aburrimiento, viajar solo!. Y él pensó, mejor solo que mal acompañado o peor aun, acompañado solamente, como muchos de vosotros acomodados a una vida comme il faut. Y allí, en una terraza de una encantadora casa de huéspedes la encontró, enfrascada en la lectura… Y desde entonces sus espíritus nunca se han vuelto a separar.

         En sus largos paseos por la aldea, no se puede hacer otra cosa…, recordó los últimos tiempos y más allá, su vida entera. Se lamentaba: ¡Qué vida me ha tocado vivir!, a lo que automáticamente le venían a la mente las palabras sabias de un maestro hindú que había conocido hacía no mucho tiempo: Es la vida que tú has escogido con todas las decisiones que has tomado y las que has dejado de tomar. Así es, era quien era y estaba en donde estaba por todas esas decisiones. Por supuesto, habían ciertos límites a los que se hallaba sometido, sus genes, los circuitos neuronales, su educación, su personalidad, su país, la política, la economía y un largo etcétera, pero con todo, la toma de decisiones le había conducido como una hoja arrastrada por las aguas del arroyo a la aldea. A encontrarse de frente con sus recuerdos, su presente y su incierto futuro.

         Sólo lo que os explico le podía ocurrir allí, aunque aun desconocía este punto. En aquel paraje de verde insultante, rodeado de riachuelos de agua tan fría que congelaba hasta los pensamientos más ardientes, empezó a mirar, que no a ver. Y se dio cuenta de lo que le rodeaba, naturaleza, y no sólo plantas en el balcón. Se dio cuenta y al hacerlo se inició un proceso que le llevaría al abismo de sí mismo.

         Fue tomando conciencia de su Ser. Un ser compuesto de cuerpo, mente y energía. De un cuerpo por el que los años pasados habían sido indulgentes con él; una mente en estado de letargia y una energía que acababa de descubrir de la mano de la práctica del yoga. El dolor del pecho le había asustado muchísimo y siguió los consejos de una buena amiga, “te iría muy bien hacer yoga” y, con todo esto inició su revolución. Hacía unos días le comentaron que la vida tenía ciclos de siete años en los que el cuerpo se renueva y la vida de las personas sufren un cambio si están preparadas, y si no lo están, deberán esperar al próximo ciclo; cierto o no, ya tenía 42 y como una profecía, su vida estaba cambiando, estaba sufriendo una metamorfosis. Y ahora, en la aldea, se encontraba extrañamente seguro y cómodo en ese lugar distante de todo y todos, y estaba dispuesto a todo.

         En uno de sus paseos se encontró con la Sra. María, una anciana de 80 años que no los aparentaba y hablaron del pasado y del pasado y del pasado. La Sra. María tenía la memoria llena de pasados, de memorias lejanas, mientras las memorias recientes eran escupidas al olvido por su cerebro. Su disco duro estaba lleno. Padecía Alzheimer. Los pasados de la anciana eran buenos y malos, pero debido a su carácter sólo recordaba los malos. Como en una cinta sin fin rememoraba la guerra civil, el hambre, los muertos, la emigración, los rencores familiares y vecinales, los miedos infantiles arrastrados hasta hoy… No se fiaba de nada ni de nadie, sin ser paranoica, siempre pensaba que no la querían. Era una mujer insatisfecha, siempre valorando y añorando lo que no tenía, olvidándose de lo que sí tiene… Así, su saco de felicidad se encontraba en un proceso de vaciado continuo, infinito. Esperaba que los demás le diesen esas dosis de felicidad que necesitaba. Gran error. La felicidad está en nosotros, sólo que no sabemos verlo. Si soy feliz con mi coche, sólo lo seré cuando lo conduzca; si soy feliz sólo si tengo a la persona amada a mi lado, cuando no esté junto a mí, la mayor de las infelicidades me cubrirá. Esto lo aprendió él, casi sin percatarse, de a poquito, al conocerla en aquella terraza. Sus vidas estaban irremediablemente unidas por un fino, pero fuerte hilo que era el amor que se profesaban. No compartían una cotidianeidad común, habían decidido no decidir, dejarse llevar y así, con respeto, compartían más que la mayoría de parejas al uso. Se estimulaban mutuamente, sin rivalidad y sabían de la necesidad del otro a tener su propio espacio íntimo, personal. Se observaban con minuciosidad, sin egoísmo, ocupados sólo en el bienestar del otro. Sabían también que todo tiene un principio y puede tener un final, ya lo habían experimentado en unas cuantas ocasiones, pero eran conscientes de que “cada uno es separado, completo e independiente, entonces ¿por qué esperar algo de los otros?” como dice el maestro Vivekananda. Eso les había ayudado a no esperar nada del otro, porque las expectativas que nos creamos son proyecciones que realizamos sobre los demás y esperamos que nos colmen sin ver quiénes son y qué nos pueden dar en realidad. Entonces nos volvemos demandantes y quejumbrosos, y culpamos al otro o a nosotros mismos cuando no conseguimos lo que queremos, cuando probablemente deberíamos cambiar de otro o simplemente ver la realidad de uno mismo y del otro. Sin engaños. Esforzándose habían conseguido no apegarse y poder disfrutar con libertad de su compañía, bebiendo a sorbitos y paladeando cada momento. Dándose Cuenta… La Sra. María se apegó a todo lo apegable, no sabía que el apego generaba aflicción, y la tristeza, la rabia y el desconsuelo invadieron sus entrañas y sus memorias que entonces ya supuraban fatalidad. La Sra. María tenía dos hijos, modélicos, son como deben ser, eso sí, van al psicólogo, a vaciar memorias adquiridas…

         A momentos, cuando charla con la anciana se ve reflejado como cuando el espejo te escupe la peor imagen de ti mismo. La observó con una tristeza infinita y se prometió a sí mismo luchar contra todas las Sras. Marías que tenía dentro, contra los miedos que le habían impedido crecer como persona y que le estaban haciendo lento y fatigoso el paseo por la vida, y peor aún, se lo había ido contagiando a los que más quería. Lucharía contra la letargia, contra la insatisfacción, contra su incapacidad de decir no, contra su preocupación constante por la aprobación de los demás, contra la dependencia, contra todos esos pensamientos negativos que invadían y producían su mente con una capacidad saboteadora desarrollada y sumamente perfeccionada en sus 42 años de vida. Con esfuerzo conseguiría reconstruirse, recrearse; sólo con esfuerzo el cambio y la superación se consiguen. Supo entonces que debía aprender a bucear en lo más hondo de sí mismo y enfrentarse a sus demonios, unos heredados, otros aprendidos y otros creados por él mismo. Sin prisas, las prisas son enemigas del crecimiento.

         Observaba el rostro de sus padres surcados por la serenidad, el tiempo y la sabiduría, escuchaba el zumbido de las moscas por el pequeño comedor y el piar de los gorriones apostados en los cables de la luz de la calle y, percibía como el aire fresco del atardecer que se colaba por las ventanas entreabiertas acariciaba su cara, su cuello, entonces volvió a descubrirse sorprendido que todo lo captaba con una novedosa capacidad perceptiva. Lo sentía en su piel que se erizaba como cuando ella le acariciaba suave y lentamente con la punta de los dedos; lo sentía en su corazón que se hinchaba de tranquilidad y Amor. Todo lo sentía a conciencia y se iba fundiendo con todo ello, dejando de Ser Él. Estaba consiguiendo dejarse fluir, abrir su mente, mejor aun, romper la barrera que es su mente. Y dio las gracias.      

         Cuando sus padres entraron en casa después del paseo de las siete no lo encontraron, lo buscaron, gritaron su nombre por la aldea, pero ya nadie les respondió. Había dejado de Ser el que habían conocido. La metamorfosis se había completado.