Elisenda

Sóc pacient de Marga i vaig escriure un text en relació a una malaltia que vaig patir. Aquí us ho tramsmeto l’experiècnai perquè el pengeu al blog o feu el que creieu convenient.

Al mediodía entrevista con ella. Hablamos de lo que ha significado para ella el cáncer de mama. Llora, llora en varias ocasiones durante la conversación, a mí se me nublan los ojos con lágrimas también pero no caen, se mantienen en la línea, no porque yo oponga resistencia o no quiera llorar si no porque el sentimiento es comedido, sincero pero no desesperado. Me siento tranquila, observadora externa de un dolor que sé podrá sobrevivirlo. No siento rabia, ni pena, ni compasión… siento acercamiento, calma porque sé que llegará el día de la transformación, del aprendizaje, de la mirada externa. He sido consciente ante sus lágrimas, ante su mirada borrosa, que yo ya no soy la misma, pero ahora ya no me asusta no serlo, no me siento confusa. Por fin te sitúo delante como si fueras un cuadro abstracto: cada cual hace sus interpretaciones. En su día hice unas, las imaginé, inventé, reinventé y ahora que vuelvo a mirar el mismo cuadro ya no me asusto de las interpretaciones, dejo que fluyan, las siento, las pienso, me acompañan sin hundirme ni ahogarme. Sigo resignándome a preguntas sin respuesta pero ya no me importa no hallarlas. ¿Habré conseguido extraer la esencia? La cáscara que ya pensaba quebrada cae definitivamente dejando el fruto al descubierto. Da miedo quitarse la protección pero pesa, hunde, oscurece… Gracias por permitir que salga el fruto y gracias por darme espacio para engendrarlo. Ahora está creciendo, tomando forma, experimentando… Ya no busco discursos, me quedo con lo vivido aunque lo perciba a veces en forma de nube. Me he rendido a lo que siento como en su día hice con el dolor. No se trata de un abandono pero tampoco de una lucha, es más bien una aceptación: un aquí y ahora, mañana ya veremos. Y el ahora por fin llega cargado de experiencia, una experiencia que de momento, ya no pesa.

José Luis

Torero

Cuando me hicieron ver que todavía entraba al trapo como un toro, no me sorprendí de ello.

Cuando entendí que había pasado casi diez años dando cabezadas y, a lo sumo, propinando pequeños revolcones al maestro, apenas se resintió el orgullo.

Cuando pude verme arrancándome con furia desde la mitad del ruedo hacia el señuelo, que de tanto en tanto el maestro me enseñaba, comencé a saber un poco de qué iba la cosa.

Cuando comprendí que estaba condenado a ser un toro más y a ser lidiado cada día, tuve miedo de no hallar la salida.

Las vacas, vete con las vacas –me dijo, y me pareció humillante eso de irme con las vacas. Tardé un tiempo en entender que con las vacas salen de los ruedos los mansos, y que los toros bravos, salen muertos de las plazas, y que muy pocos salen vivos aunque siempre a costa de llevar una muerte en la conciencia, la del torero.

Cuando pude saber que no podría vivir con la muerte de un torero en la conciencia, me inicié en la mansedumbre, y comencé a comerme y a tragarme, poco a poco, la coraza de la soberbia en la que me ocultaba.

No fue fácil. Se confunde el valor con el temor y el orgullo con la soberbia. La inseguridad que nace de la ignorancia te hace temer por la pérdida del orgullo. La inseguridad es el abono de la soberbia que en la ignorancia te hace avanzar de miedo. La inseguridad del que huye temeroso y corre despavorido, si le hacen ir hacia adelante, se confunde con el valor. La seguridad es saberse inseguro, el valor superar el miedo, el orgullo evitar la soberbia. No fue fácil.

10 de mayo de 2009.

Han pasado más de 10 años desde que escribí los relatos anteriores. Me los envía Sergio, pues desea publicarlos y solicita mi permiso. Al leerlos me siento feliz y cuando acabo de leer el segundo, lloro emocionado. No recordaba estos escritos pero durante mi vida he escrito muchos relatos cortos, bastantes cuentos y algunas novelas inconclusas y no publicadas. No soy escritor aunque son mis palabras sin duda alguna.

No es casualidad, que Sergio me las haya enviado, tampoco que haya sido ahora y no en otro momento.

Otro día, si os apetece, os comento lo que yo pienso de “las casualidades” pero llega a mis manos cuando necesito una respuesta.

Lo que escribí hace años, me ofrece la respuesta que ruego, desde hace un mes, cada día.

El irse con las vacas, es una metáfora, leyendo el relato se comprende como también que la metáfora va dirigida a nuestra relación cotidiana con los demás.

Bien, pues ese es el núcleo central de lo que anhelo transmitir.

Durante estos años he trabajado la soberbia siempre en relación con los demás, me he ido con las vacas frente a alguien, he procurado no matar al torero y salir de la plaza con las vacas.

Hoy, fecha de este relato, he comprendido un poco más y he dado un pequeñito salto cualitativo, pero que a mí me ha costado muchos años pues cada uno de nosotros tiene su tiempo y lo necesita para avanzar.

Atención por favor, el torero ya no es esa persona que te cita (esa persona que te saca de quicio) y a la cual tu embistes (la situación que te provoca ira) hoy he comprendido que el torero es tu ego y que uno mismo es el toro que embiste al señuelo rojo que te muestra tu ego.

Lo que hay alrededor del torero es el mundo, el mundo de las sensaciones.

Gracias a Sergio y su oportuna remisión de los relatos, lo he interiorizado: el toro es uno mismo y el torero tu ego.

No existe nada fuera de ti lo que existe es tu interior.

Es por eso que hoy he comprendido un poquito más, he avanzado un poquito más.

A partir de hoy, voy a ser capaz de darme cuenta que es mi ego el que me lanza el capote y no, esa persona que me saca de quicio, esa persona que me saca de quicio es mi maestra porque, atención de nuevo, eso que más te molesta de los demás, sí, de esa persona en la que estás pensando, es precisamente lo que más necesitas empeñarte en mejorar en ti mismo, pues la agresión que ves en el otro, en el fondo no es más que un reflejo de la agresión que no eres capaz de ver en ti mismo, pero que conoces bien, por lo que la reconoces en el otro.

Gracias Sergio, incluso cuando ya no soy paciente, tú sanas mi curación.

Maite

Hola a todos y felicidades a los que se han atrevido a contar sus experiencias

con psicólogos.

Estos señores/as, tienen una especialidad poco grata. No se trata del típico

médico al cual si te lo encuentras por la calle y vas acompañado lo

presentas…no, no nos gusta decir “te presento a mi psicólogo/a”  porque

inmediatamente nos pueden mirar nuestros acompañantes con cara de “tiene

problemas mentales….serán graves? me puedo fiar?”

Nos avergonzamos de ir al psicólogo, es como reconocer que tenemos problemas,

es más natural tener problemas de boca, o sea, decir voy al dentista es más

natural.

 

Reconozco que antes de mi paso por el psicólogo, paso que no fue voluntario,

tuve mis dudas, fui pensando que perdería mi tiempo, que tendría que contar

cosas intimas que solo me pertenecían a mi, que me daban miedo compartir, sobre

todo  me daba miedo no saber explicarme y ser malentendida.

Ahora pienso que todos debemos ir al profesional que necesitemos, sea dentista

o psicólogo, no es más importante tener la boca sana que la mente Si, he

dicho bien…la mente. Creemos que todo está bien allá arriba, pero muchas

veces necesitamos consejo, o que nos escuchen, no valen amistades o familia Hay

problemas que ni a nuestras parejas les contamos. Otra ventaja de ir al (para no

repetirme tanto les llamaré psico)

 

Psico, es que no te interrumpen para contarte sus problemas, algo que hacen las

amistades y familia. Quieres contar lo que te pasa y debes oír otros problemas

ajenos a ti. E psico  te mira, te deja hablar, llorar, te observa y va anotando

en folios detalles que tú nunca entiendes, pero, que deben ser muy importantes,

y cuando esto ocurre, tu te atreves con disimulo a mirar para descifrar qué es

lo que anota, y para tus adentros piensas ( qué habré dicho?)

 

Hace tiempo que pisé por primera vez la sala del psico recomendado, Sergio, al

principio acudía semanalmente, claro, como estuve tanto tiempo sin ir, mi

terapia fue larga. Me costó abrirme y hablar de lo que me pasaba, quizás

porque ni yo lo sabía. Tenía una historia personal muy triste y siempre pensé

que mis altibajos se debían a ello. Allí descubrí, muy al final de la

terapia, que mis problemas eran muy viejos, que se remontaban a mi infancia Fue

como si mi vida hubiera sido un puzzle de piezas mal puestas, poco a poco Sergio

fue colocando cada una en su sitio, (alguna aún está descolocada pero es que

yo la guardé tanto que no la encuentro). Pero tengo que dar gracias por haber

tenido la suerte de encontrar a la persona adecuada para poner mi puzzle en

orden, no solo eso, sino que me ha enseñado a recomponerlo cuando se mueve.

 

Gracias Sergio, ya te lo he dicho antes y tu lo sabes, siempre te estaré

agradecida, no por haber hecho tu trabajo, eso ya te lo pagué, si no por haber

tenido el tacto y la generosidad de ayudarme siempre que lo he necesitado, ahora

en la distancia también.

Tu amiga murciana

 

 

 

 

 

 

Alba

Hola a tod@s!

Primero quiero decir que me parece genial tener la oportunidad de compartir

nuestras experiencias, conocimientos, etc. mediante este portal web.

He leído las dos aportaciones y la verdad me han parecido muy interesantes. Y

os felicito por ello.

Yo siempre he creído en la psicología, es más, me gustaría estudiarla, y

fue lo primero que le comenté a mi psicólogo. Así que nadie me tuvo que

convencer para venir, aunque eso no quiere decir que tuve mis dudas.

 

Yo empecé mi terapia hace tres años aproximadamente, pero la dejé. No sé,

me agobié de hablar de los temas que en ese momento me preocupaban, no estaba

a gusto y necesitaba superar todo aquello pero de otra manera. Y así lo hice.

De todas maneras hace poco me volví a plantear volver, por qué? Pues porque

hay cosas de mí que quiero pulir, formas de actuar, reacciones que no me

gustan y que se repiten en diferentes ocasiones y entornos de mi vida. Digamos

que hay «problemas» de base, de molde, que quiero modificar. Y no me arrepiento

de haber vuelto, me gusta y creo mucho en ello.

 

Todos sabemos que no es fácil abrir tu interior, no es fácil reconocer que

quizá necesitas ayuda, pero yo siempre me lo planteo de la siguiente manera:

creo que todos nosotros tenemos algo en común, la valentía y las ganas de

querer superarnos día a día. Aunque no lo veamos a veces, aunque aún estemos

en ello, da igual, si estamos aquí, es porque hay algo en nuestro interior que

quiere luchar, y ese algo somos cada uno de nosotros.

 

Así que nada más, me despido hasta la próxima!

Ciao!

Roberto

Me llamo Roberto, lo demás tiene menos importancia.

Cuando, Sergio, mi psicólogo me habló de que estaban pensando en abrir al público en general una página web que no sólo sirviera para darse a conocer, sino como un intercambio lo más directo posible con los interesados en la psicología, me pareció una idea estupenda, y como me siento agradecido con su trabajo, quise colaborar, le pedí si podía escribir algo de mi experiencia personal. Hablamos sobre ello y él me dijo después de un momento en el que yo le pedía sobre que estaría bien que comentara, me comentó que estaba convencido que lo que dijese seguro sería de intéres. Realmente no me costó mucho decidirme, creo que lo mejor era seguir mi pensamiento original. En mi cabeza solo una cosa cobraba fuerza «CON LO QUE A MI ME COSTO VENIR»; claro era eso, lo que mejor puedo aportar es eso mis miedos, mi incredulidad, mi escepticismo, mi soberbia…llamarlo como queráis.

En una época de mi vida, todo parecía que empezaba a torcerse, mi matrimonio se había roto, el trabajo no me llenaba y yo me sentía al borde, pero no era para mí una situación extraña y ni siquiera las sensaciones eran desconocidas, ya las había vivido en otros momentos. Era lo de siempre que se volvía a repetir, y como siempre pensaba que ya se irían que los malos momentos no duran siempre (yo soy una persona fuerte), es decir lo que un hombre de cuarenta años debe hacer salir adelante.

Algún amigo, bueno sólo uno, se atrevió a sugerirme, al verme, que consultara con un profesional. Mi reacción inicial fue de «pero que dices yo no estoy loco, ¿tu has ido?, ¿en que te basas?», vamos solo me faltó renegar de él como amigo por proponerme tal barbaridad, un psicólogo. Mi idea sobre «estos señores» era, de unos sujetos más allá del bien y del mal, que te miran por encima del hombro desde su cómodo sillón y que piensan pobre ingenuo. Y además a que voy a ir allí a explicarle que, total que me va a decir y yo ya sé lo que tengo que hacer, y ya tengo amigos para que me escuchen, no me hace falta pagar para que me escuche.

PAGAR PARA QUE ME ESCUCHEN. Cuantas veces se lo habré defendido a mi pobre y bien intencionado amigo, discusiones numantinas. Y ahora me sonrojo de mis propios razonamientos, básicamente por que en el tiempo que dura mi psicoterapia lo que realmente he descubierto es que estoy pagando para escucharme a mi mismo, para reflexionar sobre mis recursos, no para que alguien me diga lo que tengo o no que hacer, pero si para que alguien preparado, que no es un amigo, que no se apena de mi, que me trata como una persona que merece una atención, me ayude con sus técnicas, con su experiencia a que yo tome mis decisiones, a que no rehuya sobre quien dirige mi vida, que soy yo, para lo bueno y para lo malo.

Durante muchos año he insistido en mantener mi punto de vista sobre la vida, no era erróneo, no era equivocado, no he perdido el tiempo, pero que si era más fácil plantear si había otro más adaptativo, me ayudó a reaccionar expresándome sin dañarme a mi o agredir a los demás, a no pensar que el mundo esta en mi contra y que debo estar a la defensiva, a que si quiero a veces no puedo pero debo intentarlo, a que no todo es siempre maravilloso, pero lo malo tampoco. Vamos, a vivir más acorde con mis necesidades que con las de los demás. Y sabéis es mucho mejor.

¿Todo fue bueno?, pues no claro que no, es más en no pocas ocasiones pensé no vuelvo más, esto es insufrible, este tío que se ha pensado, estoy tirando el dinero…bueno y más cosas menos reproducibles, y más si él lo va a leer. No es fácil la situación de paciente, enfrentarte con tus miedos y que encima que alguien te los muestre. Todo ello es un proceso, tal como lo hemos hablado muchas veces. La vida también.

No se si con mi breve escrito he podido ayudaros, mi intención era tan solo hablaros de mi experiencia.