Roberto

Me llamo Roberto, lo demás tiene menos importancia.

Cuando, Sergio, mi psicólogo me habló de que estaban pensando en abrir al público en general una página web que no sólo sirviera para darse a conocer, sino como un intercambio lo más directo posible con los interesados en la psicología, me pareció una idea estupenda, y como me siento agradecido con su trabajo, quise colaborar, le pedí si podía escribir algo de mi experiencia personal. Hablamos sobre ello y él me dijo después de un momento en el que yo le pedía sobre que estaría bien que comentara, me comentó que estaba convencido que lo que dijese seguro sería de intéres. Realmente no me costó mucho decidirme, creo que lo mejor era seguir mi pensamiento original. En mi cabeza solo una cosa cobraba fuerza “CON LO QUE A MI ME COSTO VENIR”; claro era eso, lo que mejor puedo aportar es eso mis miedos, mi incredulidad, mi escepticismo, mi soberbia…llamarlo como queráis.

En una época de mi vida, todo parecía que empezaba a torcerse, mi matrimonio se había roto, el trabajo no me llenaba y yo me sentía al borde, pero no era para mí una situación extraña y ni siquiera las sensaciones eran desconocidas, ya las había vivido en otros momentos. Era lo de siempre que se volvía a repetir, y como siempre pensaba que ya se irían que los malos momentos no duran siempre (yo soy una persona fuerte), es decir lo que un hombre de cuarenta años debe hacer salir adelante.

Algún amigo, bueno sólo uno, se atrevió a sugerirme, al verme, que consultara con un profesional. Mi reacción inicial fue de “pero que dices yo no estoy loco, ¿tu has ido?, ¿en que te basas?”, vamos solo me faltó renegar de él como amigo por proponerme tal barbaridad, un psicólogo. Mi idea sobre “estos señores” era, de unos sujetos más allá del bien y del mal, que te miran por encima del hombro desde su cómodo sillón y que piensan pobre ingenuo. Y además a que voy a ir allí a explicarle que, total que me va a decir y yo ya sé lo que tengo que hacer, y ya tengo amigos para que me escuchen, no me hace falta pagar para que me escuche.

PAGAR PARA QUE ME ESCUCHEN. Cuantas veces se lo habré defendido a mi pobre y bien intencionado amigo, discusiones numantinas. Y ahora me sonrojo de mis propios razonamientos, básicamente por que en el tiempo que dura mi psicoterapia lo que realmente he descubierto es que estoy pagando para escucharme a mi mismo, para reflexionar sobre mis recursos, no para que alguien me diga lo que tengo o no que hacer, pero si para que alguien preparado, que no es un amigo, que no se apena de mi, que me trata como una persona que merece una atención, me ayude con sus técnicas, con su experiencia a que yo tome mis decisiones, a que no rehuya sobre quien dirige mi vida, que soy yo, para lo bueno y para lo malo.

Durante muchos año he insistido en mantener mi punto de vista sobre la vida, no era erróneo, no era equivocado, no he perdido el tiempo, pero que si era más fácil plantear si había otro más adaptativo, me ayudó a reaccionar expresándome sin dañarme a mi o agredir a los demás, a no pensar que el mundo esta en mi contra y que debo estar a la defensiva, a que si quiero a veces no puedo pero debo intentarlo, a que no todo es siempre maravilloso, pero lo malo tampoco. Vamos, a vivir más acorde con mis necesidades que con las de los demás. Y sabéis es mucho mejor.

¿Todo fue bueno?, pues no claro que no, es más en no pocas ocasiones pensé no vuelvo más, esto es insufrible, este tío que se ha pensado, estoy tirando el dinero…bueno y más cosas menos reproducibles, y más si él lo va a leer. No es fácil la situación de paciente, enfrentarte con tus miedos y que encima que alguien te los muestre. Todo ello es un proceso, tal como lo hemos hablado muchas veces. La vida también.

No se si con mi breve escrito he podido ayudaros, mi intención era tan solo hablaros de mi experiencia.